Oscuro


Tras otra decepción en el amor pierde, y deja de buscar, toda esperanza y sentido de existir. En ese momento de debilidad salió la parte oscura que todo ser humano lleva dentro. Sintió la infranqueable tentación de dejarse sucumbir por el  nihilismo y con ello burlarse de lo que le había convertido en un ser tan vulnerable. Empezó así la contienda entre él mismo y su propia mente en lo más profundo de sus adentros…

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Horas sin sueño cuando ya no hay sueños. Rígidas agujas de reloj que ruedan una y otra vez en su círculo horizontal. Los rayos de sol tornaron en una silenciosa luz flameante sobre un escritorio, sin cantares de pájaro. El viento está quieto  y el calor es de tarifa, nocturna, como la sensación que perturba. Pilas de escritos que buscan en lo indeterminado algo sólido a lo que aferrarse. Golpes de teclas de una máquina de escribir que en vez de redactar una hoja de papel hacen garabatos en una piel ya tintada…

Perturbaciones como las gotas de la lluvia sobre el asfalto que lo carcomen con el tiempo. Tic-tac, el caer de la arena se pone de su parte. Son dos contra uno, es una clara desventaja. El chaleco antibalas ya perdió el efecto y el miedo desaparece con la entrega. El tiempo y las voces perturbadoras ganan la partida y el cuerpo se convierte en una marioneta danzante. El susurro de las voces ha establecido su oscuro eco entre un par de montañas y el silencio parece irreponible. Ya nada lo puede silenciar; el tiempo lo sabe y por eso ataca. Es hora de salir a las aceras y el mal tiñe las entrañas. Ya no hay marcha atrás. Lo que viene está por llegar.

Callejón Oscuro Hay un perro en un callejón oscuro, le he escuchado ladrar al amor durante toda la noche. Estaba rabioso y triste a la vez.

Con esa causa inmaterial salí de aquellas paredes que asfixiaban. Necesitaba coger el oxígeno libre que golpea las paredes de las calles. Quería encarnarme en aquello en lo que me sentía; un perro callejero oliendo el asfalto gris húmedo en busca de lo que pudiese encontrar. Con la mirada a 20 cm de altura, con la cabeza baja. Y es así como estoy y como soy: un perro de pelaje negro como las horas que ahora transcurren. Sólo las farolas de las calles intentan equilibrar tan sombría realidad. Y no sé por qué, sé con certeza que no las quiero. No quiero que ninguna luz me grite mi oscuridad. No quiero que ningún doctor haga un diagnóstico de mi mente enferma, porque esa enfermedad es permitida. Es curioso cómo, en los momentos donde puedes tocar el fondo, la mente lucha fieramente en busca de algo que le de esperanza. Pero no busco esperanza, no busco nada porque no soy yo quien mueve a mi cuerpo. Es ese cáncer que muchas otras veces callé pero que ahora parece haber conseguido mancharlo todo de un color feísimo.

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Seguí arrastrándome por aquel laberinto de calles vacías, una y otra vez con el mismo panorama de piedra, ladrillo y yeso. Pero nada de eso me convencía. Mis tobillos se movían periódicamente hacia alguna parte pero yo no supe desvelarla. La dirección de una calle me escupió de aquella encrucijada hacia un espacio mayor.  

Aquí el aire es de otro color; entre las partículas de humedad parece reposar un color humo, como si algo estuviese ardiendo por alguna parte. Pero creo que es sensación de mi retina, esta noche lo veo todo rojizo y negro. Sé por qué, pero prefiero no preguntármelo. Me asomo al bordillo. En el reflejo del agua veo mi cara en blanco y negro y sin embargo no veo más que a un desconocido quieto y pálido, como si por su interior no fluyese el calor de la sangre. Pero ese ya no soy yo , ya no. Ahora soy mi voz silenciosa que habla sin hablar para sus adentros. Ahora mi cuerpo es mi súbdito y me da lástima. Mientras él parece buscarse en sus reflejos yo observo su escuálida espalda sentado en un banco de madera. Me dan ganas de ahogarlo en ellos. Pero todavía no es el momento, no está tan débil como para no resistirse. Todavía puede recordar cómo, en aquel restaurante italiano de grandes cristaleras, compartió plato con la luz. Esa luz de pelo rubio y ojos verdes que a mi tanto asco me da. La odio y odio como puede dominar a mi cuerpo, que es sólo mío. Así que huyo de este lugar sabiendo perfectamente por qué mi cuerpo ha llegado hasta aquí. La luz ambiental de este sitio me resulta incómoda, así que decido llevármelo.

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Con mi parcial victoria, todavía me da más lástima mi cuerpo. Carece de dirección propia y yo me divierto con él. Lo aparto de la luz, no quiero que pueda ver nada que pueda hacerlo ver. Mi lugar es la oscuridad; mi lugar es la más profundad soledad, y es ahí adonde quiero llevarlo. Al lugar donde sólo quiera verse a sí mismo. Nunca antes había podido traerlo tan cerca de mi territorio y ahora que lo tengo tan atrapado sé que es mi oportunidad de encerrarlo en las tripas del bosque más tenebroso y oscuro de la desesperanza. Es mi momento de gravarle en la piel el trasfondo de la duda, el escepticismo de lo bello, la desconfianza y, en definitiva, apartarlo de todo aquello que pueda encaminarle a los inseguros mundos de las ilusiones. Lo que yo quiero es convertirlo en verdugo en vez de ejecutado. El cementerio está lleno de estúpidos valientes…. En el fondo le estoy haciendo un favor, aunque él no lo sabe. Pero tampoco podría estar haciéndolo si él no lo permitiese. Por ese motivo sé que en alguna parte de su esqueleto existe el deseo de venir  conmigo.

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-Siento fatiga… Hay algo dentro de mí que me incomoda. Noto un hormigueo dentro de mi esqueleto y no puedo aliviarlo. La única opción es aguantar tal punzante sensación y no parar de respirar, aunque el oxígeno me llega con dificultad. No siento miedo, siento rechazo, no me fío de eso que se comporta como un parásito dentro de mí. No puedo moverme, mis músculos no funcionan. No puedo articular movimientos ni palabras. Siento una inmovilidad infranqueable pero no quiero dejar de aguantar…

-Me mofo de él tras su reacción, con la sonrisa cínica que me caracteriza. Qué lástima, he estado a punto de atraparlo. Puedo oír el rechineo  de sus dientes y ver fruncido su ceño. Sus músculos están agarrotados. Parece más resistente de lo que pensaba y empiezo a pensar que no va a ser hoy el día de mi victoria. Lo he tenido cerca, tanto que estoy seguro que algo de mí se ha adherido a su mente para siempre, por lo que mi intento no ha sido en vano. Tampoco tengo prisa, sé que volveré a tener mi oportunidad cuando el mundo vuelva a estar en su contra y su combustible vital esté bajo mínimos. Sé que tarde o temprano volveremos a vernos las caras porque estaré siempre dentro de él…

Mis extremidades poco a poco se vuelven flexibles, siento que ya puedo levantarme. La oscuridad ambiental de este sitio me resulta  incómoda. Distingo luz al final de la calle y sé que quiero llegar hasta allí, así que empiezo a caminar. Huyo de este sombrío callejón preguntándome quién soy. Con la pregunta en el aire dejo de buscar la respuesta; odio esa respuesta que no sé responder, prefiero darle la espalda a pesar de tener su aliento ahí detrás. Aceleré el paso en mi propósito de huir, sentía la presencia de alguien más allí. Mi sombra parecía acelerar sus movimientos como si quisiese tocarme y entonces empecé a correr sin mirar atrás.

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Salí de las turbias aguas de la profundidad con la fuerza de quien se está ahogando y, con el sol de cara, cogí un poco de aire puro y expulsé todo el contaminado que tenía en mis pulmones. Durante 3 segundos o menos no volví a coger aire y pensé en nada. Al volver a inhalar oxígeno mi mente se libreó fugazmente de toda tensión y fui libre. En ese momento pude tocar el conocimiento puro y supe que en cada nuevo día la luz volvería por el mismo sitio de una forma segura. Supe también que luz y oscuridad existen por el complejo hecho de estar vivo y que no importa tanto la oscuridad que habita en lo más profundo del ser sino el mal que la mente permita sacar al exterior. Comprobé que la caducidad de lo bueno implica la caducidad de lo malo y que esa es la esperanza en la desesperanza. El nihilismo no era yo, sino una parte de mí. 


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Principio de incertidumbre


La duda arrimó y la chispa fuego encendió;

la plaga de la cosecha quedo arrasada.

Mas el incendio debe ser controlado,

no fuera que de poco alimento quedásenos nada.

La duda, la duda duda;

¿es enfermedad o es cura?

Hay quien la encuentra

y también quien la busca.

De tenerla, ¿qué hacer con ella?

Sin tener en absoluto certeza

de si es salvación o es condena.

La duda hirió a la víctima

y dio ojos al ciego;

lo que la duda toca,

la duda cambia.

Suelos agujereados y arenas movedizas.

Pasos firmes, caídas y esquinces.

La meta juega con trampas y minas;

asoma el game over, personajes de anime.

¿Parar o seguir?  la conciencia no para…

-¡ser materia o ser alma!-

No pocas hazañas la duda contara:

Historias de locos, guerreros y damas.


El espíritu humano


El espíritu humano

Sin duda hoy ha sido un día como otro cualquiera. Con su sol levantándose desde el este y despidiéndose por el oeste. Y como en cualquier otro día normal, hubo un buen momento en el que me sorprendí a mí mismo pensando, meditando metafísicamente sobre la existencia de las cosas más rutinarias con las que uno se topa a lo largo del día. Me pareció realmente curioso cómo, en uno de esos diarios viajes en autobús hacia Vigo, sobrepasando la impresionante ría viguesa desde lo alto de la segunda planta del gran vehículo, la gente observaba el paisaje que desde allí arriba se podía contemplar. Y es que no había títere que no girase su cabeza como una marioneta para ver lo que aquel amanecer y sus luces daban de sí. Y sí, era cursimente bonito. Pero lo que verdaderamente captó mi atención fue que aquel hecho me pareció algo esencial, tanto es así que incluso me produjo un respeto que me llevó a apartar la vista de aquello, no fuera a ser que no supiese comprender dicha obra de arte con la certeza que esta se merecía. Pero  claro, eso me trajo un fruncimiento de ceño tal que  “Héctor-qué-tontería-haces”.  Y de esta forma empezó el debate. Que si era más loco por apartar la vista del paisaje no fuera a ser que no supiese comprender aquello que me parecía tan esencial o, por lo contrario, si sería más loco por el hecho de tratarme de loco.  Me pareció posiblemente cierto que aquel pictórico paisaje, como coleccionista de miradas,  escondiese algo más que un juego de luces. Rápidamente lo comparé con el ideal de belleza y cómo tendemos a querer buscarlo inconscientemente. Y la verdad es que, sin duda, percibimos de forma positiva y buscamos inconscientemente lo bello de las cosas.

Si extrapolamos lo bello de las cosas a lo bueno de las intenciones también  tiene sentido esa inconsciente búsqueda, pasar de las cosas a las personas.  Y podría poner otro ejemplo, mientras esperaba para comprar una diaria barra de pan en la gran panadería que lleva mi apellido.  Al esperar desocupado, mi atención se dirigió a ver cómo un padre hacia realmente el tonto delante de lo que parecía ser su hija, con el fin de jugar con ella y hacerla reír. Y lo consiguió, y eso lo percibí como algo bello, y pensando en la intención del padre, como algo bueno. Después me tocó el turno y ya dejó de funcionar mi inconsciente para atender a que me atendieran.

Qué duda cabe en intuir que, sobre todo, sentimos afecto positivo por lo bello de las cosas  y admiración por lo bueno de las intenciones. Y eso nos lleva inconscientemente a su búsqueda, con mayor o menor énfasis. Tiende a suceder, es un hecho. Qué duda habría en cercionarse de que lo bueno existe.

Hace unas semanas oía decir a una persona,  “no conozco a ningún ateo”, y seguro que este tío no se percató de cuánto interioricé esa frase, más que nada porque me lo guardé para mí. Pero,  en efecto, si me paro a pensarlo, yo tampoco conozco a ningún ateo,  ni aunque muchos quieran autodefinirse como tal. Sinceramente yo no los reconocería de esta forma. También diré una cosa,  me parece que no soy tan viejo como para conocer a alguien así. Porque seguro, un ateo sería lo contrario a un niño, y yo todavía tengo mi parte de niño, al igual que la gente con la que pueda tratar y conocer. Pero claro, pasar de la evidencia de que lo bueno existe a que lo bueno está por encima de todo ya son afirmaciones mayores. Un niño lo verá evidente, todo es bueno, al tener a su padre, madre y hasta el espíritu santo mostrándole las cosas buenas y bellas de la vida. Pero qué pasa cuando uno crece y esos cuentos desaparecen. ¿El reino celestial de lo bueno era también parte de ese cuento?

Puede uno pensar que no y puede otro pensar que sí. Empezarían  así los conflictos entre tener fe y buscar la verdad. Como si el que tuviese fe fuere el que no quisiese perseguir la verdad. A mí no me convence el camino de no perseguir la verdad –tengo mi amor propio-, por lo que, al menos de momento, eso de descansar en la fe no me parece la más correcta de las opciones. Pero lo que sí empiezo a ver claro es que las respuestas a los interrogantes no pueden residir en la razón pura y en las deducciones racionalistas. Y aun siendo verdad que confío en mi mente cuadrada, metódica, deductiva y experimentadora que me han moldeado las matemáticas y física de la ingeniería. Y ,aún más, también en mi espíritu crítico y mi sinceridad personal. Pero es que hasta los más voluminosos teoremas matemáticos resultan sencillos una vez se estudian. En cambio, el espíritu humano no atiende a racionalismos en términos absolutos. No existen ecuaciones ni fórmulas exactas. Es imposible reunir todo los factores, que además son cambiantes y parecen estar en distintas dimensiones. El espíritu humano está lleno de inecuaciones.

Lo bueno está en las intenciones pero las intenciones están en el espíritu humano.  Aristóteles decía que el ser humano es un animal racional. Pero pongo mis más sinceras dudas de que sea esto cierto y me pregunto si en realidad no fuéramos, sino, animales irracionales que buscan ser racionales.  Que quede claro, al más puro estilo kantiano, esto es, en cierta medida, una crítica al racionalismo. Para mí, aun siendo utilísimas en innumerables casos, las deducciones racionalistas no son de fiar en cuanto a temática del espíritu humano, si de por medio no pueden recoger el subconsciente, inconsciente  y lo irracional que somos. De esta forma las conclusiones serán más o menos provechosas, dotadas de una cierta probabilidad, pero tendrán agujeros,  vacíos ilegales, como si de un principio de incertidumbre se tratase.  Así ocurre que un racionalista siempre está dudando  y se pasará la vida bajo la duda buscando los métodos apropiados para responder sus preguntas.

Para que quede sintético, y antes de concluir, llevaré a la metáfora la justa realidad a la que quiero referirme:

Incluso existen mundos paralelos donde habitan los más dogmáticos. Rascacielos lógicos con suntuosas estructuras racionales. Muros de hormigón con fortalezas forjadas. Y sin embargo, paredes  llenas de espejos y vacíos entre sus cimientos. Suelos con agujeros… Y en la decoración interior lucirán caros muebles de excusas y un cómodo sillón desde donde hablará la sombra de un voluntario escepticismo.

Y concluyendo:

Entonces, pensando que descansar en la fe no es apropiado, al menos de momento, y que el racionalismo está limitado, ¿cuál es el siguiente paso? Y, volviendo a los términos de la locura, ¿estaré loco por pensar esta índole de asuntos? o, ¿estaría más loco si me tratase de loco por pensar estas cosas? Aunque para esto sí tengo respuesta, y es que,  lo cierto es, que tan sólo soy otro ser humano haciéndose las mismas preguntas que otros seres humanos se han hecho a lo largo de la historia.

Loco el que no se haya cuestionado su cordura.


La contradicción coherente

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Sin razón aparente un día me vi inmerso en pensamientos aleatorios sobre el comportamiento de las personas en ciertos casos y por azar o inconscientemente llegué a una conclusión: debo pensar menos. En realidad esa no fue la única conclusión, también esta otra: los seres humanos somos eminentemente contradictorios. Increíble haber llegado yo solito a esto, ¿eh?.

En este momento tengo una opinión sobre un asunto en concreto, pero minutos más tarde o incluso simultáneamente, sin saber muy bien por qué, pienso todo lo contrario. Soy como una veleta. Un chaquetero. No hay quien me entienda. Estoy en la parra. Se me va la pinza, la olla, la almendra…

Es cierto que a priori se intuye que el ser humano cae fácilmente en contradicciones, y lo que es más absurdo, trata de corregirlas. Intenta no parecer incoherente con lo que ha mostrado de sí en el pasado, ya que hacer…

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Mr. Nobody


Elegir es renunciar

Desde que un niño sale de entre sábanas del hospital se le mantiene entre las sábanas de la protección, para que el mundo exterior no pueda deteriorarlo. Lo llevan en volandas. Irá creciendo alegremente, disfrutando de lo que le rodea con la inocencia de no saber qué está haciendo, sólo sabiendo que se siente bien; cogerá únicamente lo que necesita de a su alrededor. El niño irá transformándose y creciendo, hasta que llegue a una edad en la que, sin las sábanas protectoras, empezará a entender que no puede coger todo lo que tiene a su alcance y se verá obligado a hacerse responsable de las consecuencias de sus actos. Llegará un momento en el que tenga que elegir y renunciar. Es difícil saber cuál es el momento exacto en el que el niño dejó de ser niño para tener que decidir. Pero podríamos suponer una edad, a los diez años por ejemplo, por poner una. Antes de los diez años, justo antes de empezar a renunciar es como si el niño estuviese en el cielo; tiene la posibilidad de ser todo. El niño puede soñar con aquello que le apasione y puede verse a sí mismo como imitador de todo ello. Es ahí, justo antes de los diez años -por ejemplo-, cuando es todas las vidas posibles. Todos los futuros son posibles y se puede soñar con cualquiera de ellos, porque todos son verdaderamente reales. Pero habrá un momento en el que, por el propio peso del niño, ya no puedan llevarle entre sábanas protectoras de futuros posibles y el niño se verá obligado a elegir.

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Es justo ahí, cuando el niño decide, justo en ese momento, cuando empieza a renunciar. El peso del tiempo empezará a ejercer presión sobre él y descubrirá que en el mundo ya no puede ser todas las fantasías que había imaginado. De todas esas vidas posibles tendrá que elegir una para poder llevarla a cabo. Tiene ante sí el primer dilema de su vida: elegir y renunciar. Y la verdad es que decidir no es cosa fácil porque si no elige la mejor opción entonces estará renunciando a ella. Puede pasar que le resulte tan complicado decidir que prefiera un poco de tiempo extra, eso es humano. Si no eliges entonces no renuncias. Y puede que él mismo teja otras sábanas protectoras para que el paso del tiempo no le hiera. Pero resulta que su peso ya no es el de un niño de menos de diez años y el efecto de la gravedad tarde o temprano hará que la tela de esas sábanas se desquebraje y caerá con un dolor fuerte. Y… siempre tendrá que decidir, por lo que las sábanas momentáneas nunca son una buena idea.

Nadie puede descifrar el devenir de una vida elegida, como nadie puede ver el futuro de una elección, no somos dioses. Pero supongo que hasta en los cómodos tronos del Olimpo, los dioses morirían por la oportunidad de vivir esa incertidumbre. ¿Si no tuviésemos la incertidumbre de la vida, qué horizonte quedaría? Vivir sería como aquellos videojuegos a los que jugabas de pequeño, una vez “te los pasabas”, perdían toda la gracia.

Y… ¿Qué valor tendría poder tener todas las vidas posibles? Si todos tuviésemos todas esas posibilidades, todos seríamos todos y nadie sería nadie. Seríamos todos… seríamos nadie. Nadie adquiriría una vida individual. Creo que cuando el niño elige una vida deja de ser Mr. Nobody, aunque eso implique renunciar a otras posibles vidas increíbles.

Inspirado en la película “Las vidas posibles de Mr. Nobody”.


Rodando

Hace tiempo que vengo mascándolo…

Parece que está de moda eso de ver en las biografías de Twitter cinéfilo, serialover, o demás términos que definan a uno mismo como simpatizante del cine. Como toda moda, hay un cierto porcentaje de postureo –pastoreo– en cada acto de este tipo. Por ello, rechacé mi primera impresión respecto a una posible afinidad fiel por el cine. Venga ya… decía. Pero hace tiempo que vengo mascándolo y es que, si la misma impresión se repite en el tiempo, es que algo de verdad hay en ella.
Sea así, me declaro cinéfilo; admirador de lo que se puede disfrutar con el cine y sobre todo de lo que se puede aprender con él. Porque en cada buena película hay un mensaje de hermano mayor, de madre o de padre; de Dios o del Diablo mismo. Mensajes ocultos o de forma claramente manifiesta, otras veces meras malinterpretaciones personales. Supongo que de eso trata este arte, de interiorizar situaciones de vida o muerte, de cómo vivir o de cómo morir. Y la verdad, cuánto se aprende (también inconscientemente). Un debate moral, una decisión del protagonista, una historia basada en hecho reales… Al final el cine es un manual de buen vividor, de poder descubrir el verdadero sentido de las cosas. Pero es muchas cosas más…

También es un álbum de ídolos. Quién no ha imaginado imitar a Rocky lanzando puñetazos al aire en un momento de íntima motivación. Por no hablar de John Rambo cargándose a cincuenta vietnamitas, o a tu archienemigo del colegio, con una ametralladora M60. Menudo fenómeno el silvestre. Qué me decís de Will Smith en Soy leyenda dándonos el discurso sobre el odio y el racismo al son de Marley. Sin olvidarnos de la ya mítica lección a su hijo Jaden en aquella cancha de baloncesto con En busca de la felicidad.

Y el humor; la complicidad que sientes cuando alguien te echa de un lugar al grito de ¡Fuera de mi ciénaga!. O te impide el paso diciendo ¡¡No-puedes-pasar!! O como decía el anteriormente mencionado Will Smith ¡Qué coño haces ahí Fred! Y sí, me encanta Soy leyenda.

Tomarte unas cañas con tus viejos amigos del colegio y recordar las películas que os ponían en religión. La ola, Gran Torino, El club de los poetas muertos… Hasta la profesora de Jake Harper le había mandado un trabajo sobre El señor de las moscas -que por supuesto no hizo-.

Pero las películas no sólo se recuerdan por momentos. Hay películas que se convierten en religión, como El club de la lucha, donde Brad Pitt se consolida como hombre hecho dios, si no lo había hecho ya antes.

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El cine también me enseñó estilo. Lo bien que pueden quedar unos levi´s, camiseta blanca y chaqueta de cuero negra, con un cigarro detrás de la oreja y poniendo cara de interesante. Te habrá enseñado a conducir, también a lavar un coche. Dar cera pulir cera. Si algún día se te da por robar un coche conviértete en Nicolás cage y llévate el Shelby del 72 en 60 segundos. Ten claro que los automóviles del 2000 para arriba no tienen ningún valor. Y que, por supuesto, un coche bajo el sol del verano tiene que ser descapotable, y si es rojo, deportivo y con una tía buena de copiloto mejor. Fast and furious. Si se hace de noche has de llevarla a algún mirador para ver las estrellas  y lo que surja. 

Y sin quererlo, el cine te habrá enseñado a cómo tratar con las chicas. Aunque parezca que quieren al más macarra del grupo, al final el buen chico es el que se alza con la victoria. La lástima que sentimos al no haber tenido en nuestro instituto un baile de fin de curso para ser el primero en pedir la compañía de la chica más laureada. Nos ha quedado claro que ellas buscan al hombre perfecto, que las escuche y que las entienda. Pero también son necesarios momentos de improvisación como tirarse en el medio de la carretera con la tensión de que un gruñón camionero os lancé un grito de ¡insensatos!, acompañado de una ensordecedora bocina. O simplemente corred por la arena jugando a que no os pillen las olas, y si lo hacen, pues vestidos al agua. Esta es la forma de pescar un gran pez, como el de Big fish.

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También hemos de echarle la bronca a Spielberg por recordarnos cada vez que nos bañamos más allá de las bollas que en cualquier momento eso negro del fondo abrirá sus mandíbulas y nos comerá.
La verdad es que creo que las películas de terror están hechas con malicia, porque poco enseñan, a pesar de que nos vuelven prudentes a la hora de hacer alguna locura en el último verano o apurar el paso al oír el silbido de un columpio al que bien le vendría un poco de 3 en 1. Sabrás que aunque la intuición te diga lo que te diga, nunca debéis separaros cuando hay un asesino cerca. Eso siempre acaba mal. Y sobre todo, investiga un poco antes de comprarte una casa de campo de más de cincuenta años, no vaya a ser que cuente con misterio en su historial.

Menos mal que tenemos el cine para las lluviosas tarde de invierno. El poder sentirnos vivos en las carnes de algún actor sin movernos del sofá. Aunque cuidado… Un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Que tampoco podemos encerrarnos en casa viendo la última temporada de Juego de tronos. O un maratón de Prision break.

Porque las buenas películas están llenas de vida y es así como nos transmiten ganas de vivir  y nos dejan claro que la vida sale al encuentro. Lo que hagamos en esta vida tiene su eco en la eternidad. Por eso nos gustan tanto y pueden hacernos cambiar el punto de vista de las cosas, o simplemente quitarnos el enfado después de un mal día.

Así es amigos, el cine es nuestro “tesoro”. Es magia, levioosa no leviosá. Una nueva maravilla que ha florecido en los siglos XX-XXI.

Pues eso, mi consejo es que cuando tengas un problema no llames a Hudston sino que enciendas el ordenador y pongas una de esas películas que tus amigos te han recomendado.

(Haceremos una pausa para publicidad).

También me apetece trascender un poco esta entrada y recomendar algunas  películas que me han gustado, conmovido o simplemente cambiado la vida. Por ese orden:

-The game, Memento, La historia del Bronx, The Road, Sospechosos habituales, Un ciudadano ejemplar, Master and comander.
-Crash, En busca de la felicidad, Intocable, El estudiante, Slumdog millionare, El curioso caso de Benjamin Button.
-El club de la lucha, Donnie Darko, Las vidas posibles de Mr. Nobody, Interestellar, La fuerza de uno, La vida de pi.

El maquinista

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¿Por qué temes al tiempo Reznik? Sé que deseas permanecer estáticamente sin que el tiempo mueva ficha, sin que cambie la jugada. Temes que el tiempo mueva y te deje en jaque. Te lo veo en los ojos. Temes que el tiempo deje atrás tus buenos propósitos y sobre todo tus escusas y te erosione, te desnude quitándote la piel y mostrando tu escuálido esqueleto, la parte profunda de tu ser. Temes que el tiempo te ponga en tu lugar. Porque hay malicia en el esqueleto, al menos en alguna parte de él. Tienes miedo a que el tiempo encienda con su foco de luz esa parte del esqueleto tan tenebrosa. Y te preguntas ¿qué define al esqueleto? ¿Siempre hay tinieblas en él…?
Claro que siempre hay tinieblas en el esqueleto, por la sencilla razón de que no podría haber tinieblas si no hay luz.

De nadie estamos más lejos que de nosotros mismos”. Friedrich Nietzsche
(Inspirado en la película El maquinista. Soberbia interpretación de Christian Bale.)

(In media res)

Chaval. Sé que te has empeñado en ser quien querías ser. Observaste el panorama en todo su esplendor. Observaste cosas muy diferentes y te diste cuenta de que un hombre no es más que otro hombre si no ha hecho más que otro hombre. Lo entendiste fuertemente y esa percepción de la realidad  cambió tu vida. Sentiste un grito atronador de responsabilidad en tu conciencia que te empujó a coger lo mejor. Sabías lo que era estar en la mierda, sin más fondo que no ver nada más debajo. Supiste que no era el lugar donde querías estar y eso te empujó hacia arriba y subiste a la superficie con la fuerza de quien coge oxígeno cuando está a punto de ahogarse. Chaval, lo sé, lo sé todo, y no te culpo. Créeme que no te culpo. Hiciste lo que creías que debías hacer. No te preocupes más en intentar convencerme porque lo sé todo y te creo. Pero ha llegado el momento de que continúes acompañado. No te culpo de querer hacerlo solo cuando lo hiciste. Se que cuando uno necesita crecer rápido ha de hacerlo solo, no sigas culpándote porque lo entiendo perfectamente. Pero ya puedes respirar tranquilo. Coge aire, chaval. Ahora es cuando debes poner en práctica todo lo aprendido con confianza en ti. Cojones, pocas personas he visto con más confianza en lo que hacen que tú. No te preocupes en demostrarlo. Ha quedado claro.
Pero sólo te diré una cosa más, y es que el nuevo camino has de hacerlo acompañado. Ya no tienes que tener miedo. Ya no debes seguir cogiendo atajos donde solo cabes tú, ya no necesitas ir tan rápido. Ahora acompáñate de ellos ¿o es que no ves que llevan tiempo esperándote?
Chaval, no te has dado cuenta pero he estado en tu retaguardia durante estos últimos años. Ha sido un placer haber luchado contigo y un verdadero honor. Me alejaré porque es lo correcto, ha llegado el momento. Y ten en cuenta una cosa. Yo siempre estaré aquí, para sacarte las castañas del fuego, Donnie.
-Hola… la verdad he de reconocer que no tengo palabras. No estoy acostumbrado a oírte decir este tipo de cosas. Pero también he de reconocer que me siento bien, hasta creo que un poco más aliviado. Supongo que entiendo que me entiendas. Antes de nada quiero darte las gracias, creo que he estado tan ocupado durante este tiempo que ni me había dado cuenta de que eras tú quien estaba ahí. Has estado a mi lado en cada duro momento. Siempre me he visto apoyado por esa férrea guía que tanto te caracteriza. ¿Sabes qué? Creo que podré arreglármelas sin ti, estoy bien entrenado. Me han quedado grabadas en la memoria todas esas frases duras y alentadoras que tanto me han ayudado. Ahora serán esas palabras las que me guíen cuando me pierda. Tengo confianza plena en ellas. Contigo he descubierto una de las cosas más difíciles con las que un hombre lidiar. Ahora conozco mi credo y se quien soy. Gracias por estabilizar esos cimientos. Has sido el mayor arquitecto que se puede tener. Gracias por lograr desprenderme de todos mis miedos porque ahora ya no tengo lastres. No tengo miedo a nada. He de reconocer que tienes razón y debemos separarnos, aunque hoy me dé cuenta de que siempre has estado conmigo. Ahora empieza la verdadera aventura, con tus enseñanzas me pondré en manos del porvenir. Pero estaré bien. Estaré con ellos. Ciertamente, lamento unirme a ellos ahora, creo que es tarde, pero tal vez fuese necesario este tiempo.
Ahora nuestros caminos se separan pero bueno… Ambos sabemos que esta no sera la última vez que nos veamos las caras ¿verdad, Frank?Frank_the_Rabbit_by_HolyDemonKnight

Feliz año nuevo

“No podré contar

qué ocurrió ayer,
fue hace tanto tiempo
que el sol se ha vuelto a poner.

Embobado, insomne,
acaricio la piedra que encontré.
Todos duermen pero ella,
con el ruido, no la pudo ver.

Con vivos, muertos, brindando juntos
por un año más, un año menos
que dolerse de esta herida y de esta luz.

Ella llegó tarde, no vio a nadie,
fue directa a dormir.
En vez de su piedra
encontró una fiesta en su salón.

Con vivos, muertos, brindando juntos
por un año más, un año menos
que dolerse de esta herida y de esta luz.

Con vivos, con muertos …
Con vivos, con muertos …
Con vivos, con muertos …
Con vivos, con muertos …
Con vivos, con muertos …
Con vivos, con muertos …
Con vivos, con muertos …
Con vivos, con muertos …

Con vivos, muertos, brindando juntos
por un año más, un año menos
que dolerse de esta herida y de esta luz.

Con vivos, muertos, brindando juntos,
un año menos que dolerse de esta herida y de esta luz.”

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Aparta de ti lo que te aparte de ti

Hay cosas que podrían enfadar a cualquiera. En efecto, la existencia de ciertos fenómenos puede hacer que uno se enfurezca. Puede surgir un huracán desde el interior del pecho hacia las extremidades y luego volverá al pecho para subir hasta la cabeza y crear una furia imparable. No existe nada más desesperanzador que el talento malgastado, el derroche de potencial. El despilfarro de cosas que podrían suceder y que no sucederán. La tibieza. La tibieza. La tibieza. Ni frío ni caliente. Ni sí ni no. Neutral. Pausado. Estancado. A empujoncitos. Directo a un destino pobre y sin brillo. Hay cosas que cuando se entienden enfurecen. En el preciso momento que tus ojos pueden mirar directamente al fenómeno que te despelleja por dentro. En ese preciso instante enfureces. Encolerizas estáticamente y sabes que ha llegado el punto de inflexión al cambio. La tibieza. La maldita tibieza que te convierte ni en frío ni en caliente. En inservible. La tibieza, ese fenómeno que te carcome por dentro y te oxida con el paso del tiempo. La cólera al sentir ese deterioro lo cambia todo. Es ese preciso momento en que te prometes que no hay cabida para lo que destruye a uno. Te lo prometes porque lo sabes. Aparta de ti lo que te aparta de ti
  Como_Es_La_Ira_En_Tu_Vida

Autosanarse. Curarse de una silenciosa enfermedad. La potencia de uno es el mayor diamante en bruto por el que vale la pena apostar. Cosas tristes como el talento malgastado. Cosas imperiosas como el aprovechamiento del potencial. Fuera todos esos lastres que te frenan en esa santa enmienda. Santa y pura enmienda.

Hablemos honestamente, a veces es necesario que nos encolericemos para que las cosas salgan bien. Nietzche